No está roto, solo atrapado

Tu hijo no está roto.
Y tú tampoco.

Eso no significa que todo esté bien.
Significa que aún hay algo que puede moverse.

Quizá no es el momento de psicólogo.
O quizá sí.
Pero más allá de eso, hay algo que merece ser mirado:
esa parte suya que no ha desaparecido, solo se ha escondido.

No lo hace por comodidad.
Lo hace porque no sabe si puede confiar.
En el mundo.
En sí mismo.
En los adultos.
En el movimiento.

Y eso, aunque no lo parezca, también es una forma de estar vivo.

Si has llegado hasta aquí, no es por curiosidad.
Es porque algo dentro de ti sigue buscando una forma de sostenerle,
aunque no sepas cuál.
Aunque te hayas cansado.
Aunque ya no creas del todo.

A veces, basta con una grieta.
Un gesto distinto.
Un espacio que no le empuje ni le nombre.
Solo que le vea.

Ese espacio existe.
No como solución.
No como terapia.
Sino como posibilidad real de empezar desde donde está.

Sin prisa.
Sin forma definida.
Pero con respeto y con dirección.

Si estás en ese punto —en el que no hay urgencia, pero sí peso—
quizá no se trate de hacer algo grande.
Sino de no seguir dejando pasar algo que pide ser tocado.

Y si quieres, aquí tienes un lugar donde hacerlo.

Frente al bloqueo

No es que tu hijo no quiera salir de ahí.
Es que no sabe cómo.
No hace falta empujarle.
Pero sí mover ficha.
Da el primer paso →

Página 5 de 5

🗝️ La Caja

Valientes Posibles – Calle de Andorra, 22. 28043 Madrid.

No se trata de un servicio de psicología clínica; no se realizan diagnósticos ni tratamientos de trastornos mentales.