
Tu hijo está raro.
Ya no sabes si está enfadado, triste o simplemente ha dejado de sentir.
A veces grita.
A veces se encierra.
Otras veces ni contesta.
Tú intentas estar cerca.
Sin agobiar. Sin reventar.
Pero cada vez te cuesta más no perder los nervios.
Y lo peor no es que se aleje.
Es no saber si volverá a ser ese hijo que echas de menos.
Lo que ves en casa y no sabes cómo romper
Responde con monosílabos.
O ni te mira.
O salta por cualquier tontería.
Hay días que se encierra.
Otros que se borra aunque esté delante.
Y tú vas probando.
No presionar.
No agobiar.
No dramatizar.
Pero lo que haces no llega.
Y lo que no haces tampoco sirve.
Da igual si hablas o te callas:
él sigue lejos.
Lo que ya has probado (y no sirve)
Has hablado con él.
Has sido paciente.
Has puesto límites.
Has dado espacio.
Has buscado psicólogos, vídeos, consejos.
Has intentado confiar.
Has intentado controlar.
Y sigue igual.
Pasando de todo.
O tragándoselo todo.
O reventando por dentro.
Cada intento tuyo acaba en lo mismo:
él se cierra.
Y tú te quedas más solo.
Y entonces ya no sabes si seguir intentando,
o rendirte del todo.
Y llega un punto en que dejas de hacer cosas
y solo miras.
¿Hace cuánto que no se ríe contigo?
¿Cuándo fue la última vez que se ilusionó por algo y te lo contase?
¿Desde cuándo le tienes miedo, aunque no lo llames así?
Esto no es una etapa.
No es que esté “en la edad”.
No es que “todos los adolescentes pasan por eso”.
Algo se ha roto.
Y si no se mueve, se enquista.
No porque esté enfermo.
Sino porque se está acostumbrando a vivir así.
Lejos. Cerrado. Perdido.
Y tú también.
¿Esto o lo de siempre?
Hay muchas formas de pedir ayuda.
Algunas buscan comprenderle.
Otras buscan que cambie.
Esta busca que se respete. Nada más, y nada menos.
No es mejor ni peor.
Pero es distinta.
Y si estás aquí, quizá es porque algo en ti ya lo intuye.
¿Qué crees que necesita más tu hijo ahora?
Eso puede ayudar si él ya está dispuesto a mirar hacia dentro.
Si no, puede ser una sala más donde se calle o se escape con buenas palabras.
Eso es lo que hago.
No es cómodo.
Pero si hay un mínimo hueco,
es suficiente para empezar a moverse desde dentro.
Qué hago yo (y qué no)
No le escucho con cara amable.
No le doy técnicas para calmarse.
No hago terapia de manual.
Tampoco le suelto frases bonitas.
Ni le digo que todo está bien.
Trabajo con él.
Directo. Sin rodeos.
Sin disfrazar lo que veo.
Sin empujar, pero sin dejarle escapar.
Le confronto.
Le ubico.
Le animo a hacer lo que toca.
Y lo que toca casi nunca es lo que apetece.
Lo correcto no es portarse bien.
Es elegir lo que cuesta.
Lo que no da alivio inmediato,
pero te deja sentirte bien contigo mismo después.
Y cuando lo hace —aunque sea mal—
empieza a respetarse.
No por lo que logra.
Sino por lo que implica para si mismo.
Y cuando eso pasa,
deja de esconderse.
Ya no actúa para escapar, ni para agradar.
Actúa porque sabe que puede.
Y ahí, por primera vez en mucho tiempo,
empieza a sentirse bien.
Pero no por alivio.
Por dignidad.

Me llamo Eugenio
No soy psicólogo clínico.
No trabajo con etiquetas.
No doy informes.
Tampoco hago terapia blanda.
Ni escucho sin más.
Ni disfrazo lo que veo para que suene bien.
Trabajo con adolescentes que están perdidos.
En la rabia.
En el vacío.
En el encierro.
En la pantalla.
Algunos se desconectan.
Otros revientan por dentro.
Casi todos creen que saben cómo va el mundo,
pero no saben cómo salir de su propia cabeza.
Y yo no vengo a explicarles nada.
Vengo a hacer que empiecen a respetarse.
Aunque no quieran.
Aunque al principio no se fíen.
Aunque se resistan.
Si hay una rendija,
entro.
Y no para suavizarles la vida.
Sino para quedarme al lado mientras hacen lo que toca.
Lo que duele.
Lo que cambia.
También soy padre.
Y sé lo que duele mirar a tu hijo y no encontrar la forma de llegar hasta él.
Trabajo con jóvenes y adolescentes de entre 13 y 21 años.
Dónde pongo el corte
No acepto casos donde el chaval viene cerrado en banda y no quiere moverse nada.
Tampoco padres que buscan informes o garantías de control.
Eso no funciona aquí.
No hago terapia familiar ni mezclo a padres e hijos en la misma sesión.
Mi foco está en él, aunque venga a desgana o pruebe a esconderse.
No vendo soluciones rápidas.
Y tampoco tengo una varita mágica.
Si tú no cambias nada en casa,
lo suyo tampoco cambia.
Sí tendrás contacto conmigo.
Podrás consultarme siempre que quieras.
Pero no para seguir un guion,
sino para que también hagas tu parte.
No te daré deberes ni te señalaré errores,
pero si no sostienes desde tu lugar,
el bloqueo se queda.
Esto no va de culpas.
Va de moverse.
Él y tú.
Lo que puede pasar si se mueve
No va a cambiar de un día para otro.
No va a volverse alguien distinto.
Ni más sociable.
Ni más obediente.
Ni más feliz.
Pero si empieza a respetarse,
deja de huir y se planta frente al miedo.
Y cuando eso pasa, algo dentro se mueve y ya no vuelve atrás.
Toma decisiones más claras.
Aguanta la frustración sin reventar.
Empieza a actuar por sí mismo.
No por ti.
No por quedar bien.
Por él.
Y algo empieza a moverse de verdad.
Eso no se nota en la cara.
Se nota en el fondo.
Y si eso aparece, el valor y la capacidad de elegir lo incómodo,
lo demás llega solo.
Problemas que trabajo en terapia online con adolescentes
No importa si se apaga, explota o se encierra. Aquí tienes algunos de los conflictos que suelo trabajar en sesiones online.
Problemas de conducta y conflictos familiares
🔹 Si en casa hay gritos, portazos o mentiras constantes, no sirve imponer más normas. Lo que toca es que empiece a respetarse y sostener su frustración sin arrastrar a todos.
➡️ Ver cómo abordo problemas de conducta en adolescentes online
Falta de motivación y desinterés por todo
🔹 Si todo le da igual, si no quiere nada y parece apagado, no basta con animarle. Aquí se trata de que haga lo que cuesta, aunque no le apetezca, y recupere el impulso desde dentro.
Baja autoestima e inseguridad
🔹 Si siempre se compara, se siente “menos” o evita hacer cosas por miedo a fallar, no necesita halagos. Necesita enfrentarse a lo que le da miedo y sostenerlo hasta recuperar respeto por sí mismo.
Estrés y sensación de agobio
🔹 Si vive con presión, evita situaciones o se bloquea, no se trata de técnicas para calmarse. Se trata de aprender a estar en lo incómodo sin reventar.
Ansiedad en adolescentes
🔹 Si todo le sobrepasa —los estudios, las expectativas, la vida— no basta con tranquilizarle. Hay que ponerle frente a lo que teme y enseñarle a sostenerlo paso a paso.
Dificultades para socializar y hacer amigos
🔹 Si le cuesta encajar, no necesita que le fuerces a ser más sociable. Necesita aprender a estar con los demás desde lo que es, sin disfrazarse.
Uso excesivo del móvil, redes y videojuegos
🔹 Si pasa horas delante de la pantalla y explota cuando le pones límites, no se trata de castigar. Se trata de que aprenda a elegir, aunque le incomode, y recupere el control.
Precio
Esto cuesta 40 € por sesión online.
Y 45 € si prefieres hacerlo presencial.
No hay bonos.
No hay sesiones de prueba.
No hay descuentos por confianza.
Cada sesión tiene un valor:
abrir una rendija.
Sostener una decisión.
Empezar a moverse cuando todo dentro dice que no.
No pagas por una hora. Pagas por lo que puede empezar a cambiar en esa hora.
Cómo contactar conmigo
Escríbeme o llámame si de verdad quieres hablar de lo que pasa en casa. No si solo tienes curiosidad.







