Un gesto para que empiece a sostenerse por dentro

No le preguntes qué siente.
No le obligues a entenderse.
No le mires esperando señales de mejora.

Quédate.
Pero no como quien cuida.
Sino como quien vela.
Como quien sostiene la noche hasta que la palabra vuelva a nacer.

Tu hijo no está perdido.
Está en tránsito.
Y ese tránsito no admite testigos ansiosos.
Solo miradas que sepan no exigir luz.

Hazle sitio sin decirlo.
Recuerda su nombre sin pronunciarlo.
No le ofrezcas caminos.
Solo tierra.

Porque llegará un día —quizá sin aviso—
en que él mismo notará que su peso vuelve.
Que su cuerpo,
su gesto,
su forma,
han vuelto a ocurrir.

Y sabrá, sin que nadie se lo diga,
que fue porque tú no lo retiraste de su sitio.

Página 5 de 5

Si ya sientes que tu hijo ha empezado a apagarse por dentro, y que necesita recuperar su forma sin exigencias ni máscaras, puedes ver cómo trabajo esto contigo aquí:
Baja autoestima e inseguridad en adolescentes | Colmenar Viejo