Desde fuera parece que solo le falta confianza.
Pero eso es lo que se ve.
Lo que hay debajo va más hondo.
No es que dude de sí.
Es que ya no se encuentra.
No sabe quién es cuando no está actuando.
Cuando no está cumpliendo.
Cuando no está pendiente de si está bien.
Muchos adolescentes no tienen un problema con su imagen.
Tienen un problema con su forma interna.
Con su lugar.
Se han ido vaciando poco a poco.
Para gustar.
Para no molestar.
Para no fallar.
Y en ese esfuerzo,
han dejado de habitarse.
No es que no se quieran.
Es que no tienen base.
No hay lugar dentro que sientan como suyo.
Por eso titubean.
Por eso necesitan referencias externas todo el tiempo.
Por eso evitan mostrarse si no están seguros de hacerlo bien.
Lo que necesitan no es autoestima inflada.
Ni frases de refuerzo.
Necesitan reconstruir ese gesto interno que dice “soy yo, y está bien así”.
Eso no se impone.
Se permite.
Y para que ocurra,
alguien tiene que mirarles sin pedirles que sean mejores.
Ahí empieza el trabajo real.
No desde el “tienes que valorarte”.
Sino desde el “puedes quedarte tal como eres,
y eso ya es suficiente.”
Puedes entenderlo todo.
Pero hay cosas que no se arreglan con ideas.
Solo se sostienen con imágenes que hablan sin hablar.A veces basta con recordar algo que nunca se rompió,
aunque lleve tiempo en silencio.
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Si ya sientes que tu hijo ha empezado a apagarse por dentro, y que necesita recuperar su forma sin exigencias ni máscaras, puedes ver cómo trabajo esto contigo aquí:
→ Baja autoestima e inseguridad en adolescentes | Hortaleza
