No le falta seguridad. Le falta base.

La mayoría de las veces se habla de autoestima como si fuera un volumen que se puede subir.
Como si bastara con motivar, elogiar, reforzar.
Pero no siempre es así.

Hay adolescentes que no necesitan más aplausos.
Necesitan reconstruir una base interna que se ha ido agrietando con el tiempo.

No se trata de que no se valoren.
Es que no saben quiénes son cuando no hacen lo que se espera de ellos.

Han aprendido a comportarse, a encajar, a cumplir.
Y desde fuera, todo parece bien.
Pero por dentro, se sienten frágiles, flotantes, sin peso.
Como si cada día tuvieran que inventarse desde cero.

Por eso dudan.
Por eso se comparan.
Por eso cualquier pequeño error los deja sin suelo.
No porque no se quieran.
Sino porque no tienen un lugar firme al que volver cuando todo tiembla.

El trabajo no es inflar su imagen.
Es ayudarles a reconstruir la sensación de valer incluso cuando no brillan.
A reconocerse cuando están solos.
A sostener su forma, aunque no estén siendo mirados.

Y eso no se consigue con frases bonitas.
Se consigue cuando alguien, desde fuera, deja de medir su valor en gestos visibles,
y empieza a mirar más profundo.

Ahí empieza la reconstrucción.
No de la autoestima.
Sino del gesto interno de ser uno mismo sin necesitar permiso.

Puedes haberlo entendido todo.

Pero a veces, lo que más falta no es una explicación,
sino una imagen que se quede dentro,
algo que ayude a sostener incluso cuando las palabras ya no alcanzan.

Porque hay verdades que no se enseñan. Solo se reconocen.

La piedra agrietada que no se mueve

Página 3 de 5

Si ya sientes que tu hijo ha empezado a apagarse por dentro, y que necesita recuperar su forma sin exigencias ni máscaras, puedes ver cómo trabajo esto contigo aquí:
→ Baja autoestima e inseguridad en adolescentes | Colmenar Viejo