Un primer gesto posible: cuando ya no quieres hacer más de lo mismo

No llegas aquí por azar.
Has leído, sentido, pensado.
Has recorrido un camino que no siempre ha sido cómodo.

Y si estás en este punto, quizá ya no necesitas más explicaciones.
Solo otro gesto. Uno distinto. Uno que no repita lo de siempre.

No hace falta que sea visible.
Ni grande.
Ni eficaz.

Hace falta que sea tuyo.
No como reacción.
Sino como decisión.

Esta semana, haz algo que no necesite respuesta

Un acto que diga: “Sigo aquí. No desde la rabia. No desde el miedo. Desde mí.”

Puede ser esto:

Entrar solo para decir “buenas noches”. Y salir. Sin conversación.
Llamarle por su nombre en voz alta, sin pedir nada. Solo para recordarlo vivo.
Poner su comida favorita sin hacer comentario alguno.
Como si nada. Pero sabiendo que está ahí.
Pasar cerca y tocar su hombro suavemente, sin palabra. Solo contacto breve.
Si hay mínima posibilidad. Si no, no se fuerza.

No haces esto para provocar un cambio.
No haces esto para educar.

Lo haces para que el conflicto no decida por ti cómo te vas a mover.

Porque a veces, un solo gesto que no se explica,
un solo acto que no necesita reacción,
es lo que recuerda —en ti y en él— que algo aún sostiene.

Si te nace otro gesto, que sea desde aquí

– Que resuene con quién eres tú (si no, es teatro).
– Que no dependa de su respuesta (si no, es trampa).
– Que puedas repetir sin romperte si no hay reacción alguna.

Página 5 de 5

¿Sientes que este conflicto ya pide ser mirado de verdad?
Puedes ver cómo trabajo contigo aquí → Ayuda para padres | Colmenar Viejo.