Decían que la casa no tenía arreglo.
Que el incendio la había dejado inhabitable.
Que era mejor derribarla por completo y empezar de cero.
Desde fuera, parecía lógico.
Las ventanas reventadas.
Las paredes oscuras.
El suelo cubierto de restos.
Pero alguien, al acercarse, notó otra cosa.
La estructura no se había desplomado.
Había grietas, sí. Pero también cimientos sólidos.
Y, en un rincón, una columna aún erguida, como quien no se rinde aunque tiemble.
No era nostalgia.
No era apego.
Era otra forma de ver:
no lo que se había perdido, sino lo que aún quedaba de pie.
Esa misma tarde, alguien limpió un tramo de suelo.
Otro reparó una viga con madera vieja.
Y alguien más encendió una vela donde antes había una lámpara rota.
No lo hicieron para recuperar el pasado.
Lo hicieron para honrar lo que resistía.
Y desde ahí, poco a poco, empezaron a reconstruir.
No como si el fuego nunca hubiera pasado.
Sino como si ese fuego hubiera revelado lo que de verdad merecía sostenerse.
Esto forma parte de una trenza completa. Si quieres seguir tirando del hilo:
- CUANDO LA CASA ARDE
- Señales que gritan
- Qué hay debajo del incendio
- La casa que sigue en pie
- Un primer gesto posible
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Si sientes que ha llegado el momento de mirar el conflicto desde otro lugar, puedes ver cómo trabajo contigo aquí:
→ Problemas de conducta y conflictos familiares en adolescentes | Hortaleza
