No es que no quiera. Es que se ha ido por dentro.

Desde fuera parece simple:
no hace nada, no se implica, no le interesa nada.
Pero eso que llamas pereza,
no es desinterés.
Es retirada.

Muchos adolescentes no explotan: se apagan.
No hacen ruido, pero dejan de estar.
Pasan por casa como sombras.
Casi no se enfrentan,
pero tampoco se muestran.

Es fácil decir “está desmotivado”.
Pero lo que pasa muchas veces es que ya no se encuentra en lo que hace.
No conecta.
No vibra.
No ve para qué.

Y cuando no hay un para qué,
todo pesa más de lo que se puede sostener.

Por eso los premios no funcionan.
Por eso las amenazas tampoco.
No se trata de voluntad.
Se trata de reconstruir ese vínculo roto entre lo que hace y lo que siente.

La motivación no viene de fuera.
Nace cuando algo dentro responde.
Y para que eso ocurra,
no hace falta empujar.
Hace falta presencia real,
sin expectativas,
sin fórmulas.
Una presencia que no juzgue,
que no se canse en diez minutos.

Y sí, lleva tiempo.
Pero a veces basta con dejar de intervenir para empezar a ver algo.

Porque el pulso no se recupera haciendo más.
Se recupera cuando alguien deja de hablar
y simplemente sigue ahí.

Puedes entenderlo todo,
y aun así sentir que falta algo.

Una imagen.
Un gesto.
Una forma distinta de mirar esto.

A veces no hace falta otra explicación.
Solo hace falta una imagen que quede resonando por dentro.

El tambor olvidado en la esquina

Página 3 de 5

Si ya intuyes que no basta con esperar a que se le pase, y que es momento de recuperar el pulso real de tu hijo, puedes ver cómo trabajo esto contigo aquí:
→ Falta de motivación y desinterés por todo en adolescentes | Hortaleza – Madrid