Desde fuera, parece simple:
no estudia, no se levanta, no tiene interés.
Nada le entusiasma.
Nada le mueve.
Y entonces, es fácil caer en la palabra que más ruido hace: desidia.
Pero desidia implica abandono consciente.
Y lo que le pasa a tu hijo no es eso.
No es que no quiera.
Es que ya no encuentra el sentido de querer.
Muchos adolescentes viven una especie de apagado interno.
No tienen una crisis visible, ni un trauma concreto,
pero van soltando cosas,
dejando de hacer,
apartándose de lo que antes les conectaba.
A veces es por presión.
Otras por miedo.
Otras, simplemente, porque ya no se reconocen en lo que hacen.
Y cuando no te reconoces, te vas.
No físicamente.
Pero por dentro, desconectas.
Por eso insistir, exigir o premiar no suele funcionar.
Porque la raíz no está en la actitud.
Está en el vínculo entre lo que hacen y lo que sienten.
Un adolescente que ha perdido las ganas no necesita más estímulo externo.
Necesita recuperar el puente con lo que le hace vibrar de verdad.
Aunque sea pequeño. Aunque esté enterrado.
Eso no se logra en un día.
Pero se puede trabajar.
No desde la presión, sino desde la reconstrucción de sentido.
Y para eso, primero hay que mirar sin juicio.
Nombrar lo que ocurre sin etiquetas.
Y empezar, con calma, a tocar el tambor por dentro.
Puedes entenderlo todo,
y aun así sentir que falta algo.Una imagen.
Un gesto.
Una forma distinta de mirar esto.A veces no hace falta otra explicación.
Solo hace falta una imagen que quede resonando por dentro.
Página 3 de 5
Si ya intuyes que no basta con esperar a que se le pase, y que es momento de recuperar el pulso real de tu hijo, puedes ver cómo trabajo esto contigo aquí:
→ Falta de motivación y desinterés por todo en adolescentes | Colmenar Viejo
